domingo, 7 de agosto de 2011

RAÍCES VIRREINALES DEL PERÚ REPUBLICANO






¿Hasta qué punto la guerra de emancipación liberó al Perú como república naciente? Los grupos de poder desarrollados a la sombra del coloniaje ganaron la guerra para sí, pero no para la inmensa masa analfabeta de indios, cholos, negros y criollos pobres. La historia enseña cuando es crítica, iconoclasta. Aquí el historiador nos ofrece unos puntos reflexivos creemos que oportunos, en este momento crucial para la patria castigada, que busca paz y vida a partir de una identidad nacional aún no forjada totalmente.




Escribe Juan José Vega



Muchos son quienes creen que fue fácil el surgimiento de las instituciones republicanas.



Vale la pena revisar algo del nacimiento de los poderes públicos en el país porque no fue sencillo el tránsito del virreinato a la república, a causa del lastre feudal que entonces dominaba y del cual queda todavía un buen peso.



La verdad es que en la iniciación de nuestra vida independiente lo que se formó fue una república virreinal.



Casi todos los vicios coloniales quedaron en pie, a pesar de los esfuerzos de quienes se jugaron la vida en las guerras emancipatorias. Sencillamente sucedió que los sectores tradiciones se opusieron con tenacidad a los cambios; éstos mal que mal, representaban algunos pocos pasos hacia adelante, a nivel urbano cuando menos. Rechazada la evolución, se produjeron inauditas mezclas jurídicas y un absoluto desprecio por la realidad. La ley fue ficción. Se traficó sin reparos con las aspiraciones legítimas de los pueblos. La "generación romántica" que según J.M. Mariátegui- realizó la Independencia fue desbordada. Luego vencida. No faltó Mariscal del Perú, que decepcionado de todo, se metió un tiro vestido con su uniforme de gala.



El punto que más se necesita aclarar es el de la ausencia del pueblo. El sistema republicano entonces vigente establecía el voto indirecto. De modo que el escaso porcentaje de personas alfabetas las únicas con derecho a ese voto recortado elegía a los verdaderos electores. Estos integraban una diminuta minoría pero elegían a todos, de Presidente para abajo



Estos "grandes electores" debían acreditar propiedad y/o renta. Peor todavía, en el primer Congreso del Perú como gran parte del país seguía ocupado por el Virrey de España se logró fórmulas en las cuales Cuzco, por ejemplo, acabó contando con sólo ochenta electores; Guamanga (Ayacucho) ochenta; e igual en todo lo demás. Así nació ese Parlamento de 1822. No extraña que se eligiera como Presidente a un hábil reaccionario que jamás había figurado para nada en los años previos, salvo para discretas distinciones del Estado español: el clérigo Luna Pizarro.



En general, existió un profundo menosprecio hacia el pueblo



Los grupos dominantes no creían en la igualdad democrática básica.



Eran racistas. Quien mejor expresa estos sentimientos de superioridades Felipe Pardo y Aliaga, encumbrado personaje educado en España, quien en un poema a su hijo le expresa:



“Dichoso hijo mío, tú


que veintiún años cumpliste:


dichoso que ya te hiciste


ciudadano del Perú.


Este día suspirado


celebra de buena gana


y vuelve orondo mañana


a la hacienda y esponjado


viendo que ya eres igual


según lo mandan las leyes,


al negro que unce tus bueyes


y al que te riega el maizal".



El autor del "Niño Goyito" era enemigo implacable de indios, cholos y negros (por algo fue tan opuesto a Andrés de Santa Cruz).



Dejó sus sentimientos expuestos en su decisiva acción política y a la vez en otras muchas excelentes piezas literarias. No ha sido nunca muy divulgado su poema "El Rey'", sátira contra el pueblo peruano que emergía de la noche colonial:



EL REY NUESTRO SEÑOR



Invención de estrambótico artificio,


existe un rey que por las calles vaga:


Rey de aguardiente, de tabaco y daga,


a la licencia y al motín propicio;


voluntarioso autócrata, que oficio


hace en la tierra, de ominosa plaga:


Príncipe de memoria tan aciaga,


que a nuestro Redentor llevó al suplicio;


Sultán que el freno de la ley no sufre


y de cuya injusticia no hay reintegro;


rey por Luzbel ungido con azufre;


Czar de tres tintas, indio, blanco y negro,


que rige el continente americano,


y que se llama Pueblo Soberano.



Varios otros escritores de aquella época se burlaban de los derechos del pueblo y alguno llegó a hablar, con indudable ingenio, de la "Sober asnía", mirando tanto el desconocimiento del pueblo sobre las leyes cívicas como la ignorancia crasa de muchos que intentaban representarlo en los diversos escalones del Estado, tomados al asalto por las nuevas "clases políticas".



La aristocracia colonial habría así de conservar sus privilegios económicos virreinales, aunque tuviese que ceder parte de su sitio a los nuevos grupos medios, perfectamente controlados, además. Pero como les desagradaba la presencia de los intrusos mesocráticos corruptos muchísimos las esferas tradicionales, principalmente sus exponentes más recalcitrantes, llegaron a plantear su total repudio al nuevo sistema. Anhelaron un retorno al pasado (sentimiento visible en 1865 y 1866). De hecho, bastantes criollos se fueron a España. Habían sido peruanos a la fuerza.



Juan de Arona, otro aristocrático personaje del tipo de Felipe Pardo, habría de expresar su visión sobre el sistema democrático vigente:



“Negros idiotas, chinos catecúmenos,


y blancos patrioteros mas sin fe,


que invocan a los pueblos, energúmenos,


para darles después un puntapié':



Las críticas del sector aristocrático del Perú se orientaban a todos los escalones de la sociedad; no olvidemos, además, que siendo muchos de ellos de integridad personal veían con horror el enriquecimiento desatado de tantos falsos patriotas que llegaban a los puestos públicos sólo con afán de riquezas. Como resulta obvio, la figura de la Presidencia era de las más atacadas, atendiéndose también al hecho de la escasa preparación de muchos de nuestros gobernantes. Una de las más suaves diatribas fue el punzante poema del mismo Arona, sobre los jefes de Estado:



"Mi hijo no va al colegio ni irá nunca,


toda carrera al parecer se trunca,


pues no señor, que la apariencia miente


está estudiando... para Presidente



Y muchos eran los ciudadanos deseosos de que —vía las ánforas—“los peruanos cayeran en su garra”; por eso, curiosamente, contra nuevos ricos y arribistas no faltaron aristócratas que, rechazando a los voraces grupos emergentes (allí nació casi toda nuestra "burguesía”), se acercaron un poco al pueblo. Es el caso del mentado Pardo, que en un rapto de conmiseración o asqueado de la perversión del mal civismo se apiadó del campesino, del "indio rudo".



"que proclamado libre, vive abyecto,


los puntapiés sufriendo humilde y mudo,


con que lo favorece el subprefecto.


¡Oh escarnecida libertad! ¡Tu escudo


es para el indio de pasmoso efecto!


¿Trotar a pie le mandan? -Calla y trota.


¿Votar? Recibe su papel y vota".



Y basta por hoy, que para evocaciones de otras épocas, ya es bastante.




(Publicado en el diario “La República”, el 19 de Noviembre de 1989)




Lima a principios de la República





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